Rusia. 1904. Ljubov Andréievna regresa a su tierra natal tras cinco años en París, donde se refugió en su amante para olvidar la muerte de su marido y posteriormente, la de su pequeño hijo. Las cosas no son lo que eran. El dinero se terminó. Los lujos desaparecieron. Y las deudas crecieron, con sendos intereses. Pero nunca fue fácil reconocer una triste realidad, no importa en qué año o país vivamos. Es por eso que la protagonista, su familia y sus criados no se resignan a ver subastada la otrora casa señorial. Lo inevitable sucede. Mientras la vida pasa, y nuestros personajes esperan un milagro, inmóviles, inmersos en un pasado que fue y no volverá. Así Chéjov -adaptación de Hugo Alvarez y Laura Caime mediante- expone ante nosotros la angustia, el dolor, el desgarro, el amor, las esperanzas. Y hace cómplice y testigo al espectador de aquello que puede acontecer y cambiar todo. Para felicidad de unos u otros. La verdad está por llegar. Un futuro incierto está por develarse. Y el Jardín de los Cerezos conocerá, por fin, su destino.